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Los Museos y la gentrificación: el otro lado de la moneda
En la competición entre las grandes ciudades
por nuevas inversiones que desarrollen la economía regional y generen
nuevos recursos, y en la urgencia de las grandes corporaciones culturales
por agregar nuevos mercados para sus productos, los administradores y
los inversionistas raramente toman en consideración las verdaderas
consecuencias sociales de las transformaciones urbanas generadas por la
política de culturalización y por la implantación
de grandes museos en las condiciones de vida de la población de
las áreas presuntamente "revitalizadas". Con los vientos
de la economía globalizada y la violencia de la especulación
inmobiliaria, los habitantes originales de las zonas que experimentan
la influencia económica de un museo, acaban padeciendo un mal relativamente
nuevo en el cuadro de la dinámica social: la gentrificación.
El término gentrificación
es
un neologismo que deriva del término gentrification, que puede
traducirse como aburguesamiento o ennoblecimiento.
Es un término relativamente nuevo en el vocabulario urbanístico
y se refiere a la alteración de la composición social original
de determinadas áreas de una ciudad como consecuencia de programas
de recalificación de espacios urbanos estratégicos, cuando
estos entrañan intereses inmobiliarios, empresariales y financieros.
En otras palabras, significa la
expulsión de habitantes de zonas urbanas
degradadas, que pertenecen a clases sociales menos favorecidas, a consecuencia
de la revalorización de esta zona a partir de una intervención
urbanística.
Esa expulsión ocurre básicamente de
dos formas: con la revalorización de las áreas anteriormente
degradadas, la burbuja especulativa acaba haciendo que el nivel de vida
y los precios de los alquileres resulten insostenibles para el estándar
de los vecinos originales (o incentiva la venta de los pisos), y fuerza
su traslado a zonas más lejanas o igualmente degradadas; la otra
forma de gentrificación es promovida por la propia administración
pública, a través de la recuperación de bienes, es
decir, la reapropiación de los inmuebles abandonados o en contrato
de comodato por el gobierno mediante la ley o el desalojo de las familias
que los habitan.
El ejemplo de la ciudad de Bolonia [...]
no se refiere propiamente a museos, pero sirve para ilustrar cómo
la política de revitalización urbana a través de
la culturalización favorece la especulación inmobiliaria,
originando la gentrificación. En esta ciudad se inició una
política de revitalización de los barrios residenciales
populares localizados en las proximidades del centro histórico,
con la intención de convertir la ciudad en un polo aglutinador
de recursos destinados a la promoción cultural. La propuesta inicial
de rehabilitación de las viviendas para el uso de los vecinos locales
fue la gran bandera política de la administración municipal
y de la intelectualidad urbanista que pactaba con esa política.
Durante
los primeros años, el éxito del proyecto de conservación
fue indiscutible. Los barrios rehabilitados continuaron siendo populares
hasta la década de los 80. A partir de ahí, sin embargo,
la instalación de la nueva Universidad de Bolonia en los barrios
rehabilitados y el crecimiento del comercio terciario sofisticado de la
ciudad provocaron un aumento considerable en el precio de los inmuebles
en el área del proyecto. Las viviendas populares fueron transformadas
en viviendas estudiantiles o de profesores de la universidad. Los bajos,
a su vez, fueron ocupados por restaurantes, bares, librerías, clubes
musicales, galerías de arte... en fin, por todo tipo de comercios
y servicios ligados a la vida intelectual de la universidad.
El centro histórico de Bolonia, entonces uno
de los más sofisticados de Italia, se expandió fuertemente
en las dos décadas finales del siglo pasado, avanzando sobre el
área recuperada de residencia popular, reforzando el proceso de
gentrificación.
Actualmente, la política de recuperación
del área histórica de Bolonia ha acabado aceptando la gentrificación,
buscando solamente minimizar su impacto en las familias más pobres
y en los ancianos.
En el campo de las políticas culturales, podemos volver al caso
de los Docklands de Londres.
Esa zona surgió al principio
del siglo XIX, con la Revolución
Industrial, para atender las necesidades de transporte de la producción
industrial. Con la evolución del proceso y el desplazamiento de
las industrias a zonas más alejadas, muchas empresas quebraron
y sus edificios quedaron allí, restando el barrio. Las condiciones
de la zona, agravadas por la distancia de las zonas centrales, acabaron
desvalorizando el precio de los inmuebles, lo que indujo a su ocupación
por la población de rentas bajas, de poco poder político
y con una infinidad de problemas sociales. El crecimiento territorial
de la capital inglesa, no obstante, volvió a sacar a flote los
problemas de la zona, que progresivamente fue quedando cercada por áreas
más valorizadas.
Se elaboraron planes urbanísticos, intervenciones
espaciales, incentivos fiscales y reducciones de tasas (a través
de la ya citada Millenium Comission) intentando atraer inversionistas
para promover la revalorización cultural del área. Después
de una gran inversión pública y privada, y con la instalación
del Tate Modern Museum, junto con el Globe Theatre y el Millenium Bridge,
los Docklands se convirtieron en la niña
bonita de Londres, y actualmente se distinguen por tener el metro cuadrado
más caro de Europa.
Por otro lado, con un precio de venta suficientemente alto para devolver
con intereses cada libra invertida, el mantenimiento de los inmuebles
acabó resultando insostenibe para sus antiguos habitantes, que
se vieron obligados a emigrar a barrios más baratos de la ciudad,
cargando consigo las mismas limitaciones y problemas. Y la misma historia
fue a repetirse en otro lugar. En otras palabras, aparentemente solucionado
un problema, este sólo fue transferido, y continuará cobrando
un precio a la sociedad hasta que sea definitivamente resuelto. [...]
Fragment
de larticle de Marcelo Borges Faccenda,
"Entre David y Goliat. Las acciones (buenas y malas) de los museos
en la dinámica urbana"
Centre Georges Pompidou: la construcció del museu projectat
per Renzo Piano i Richard Rogers al plateau Beaubourg (1977) sinscriu
en el procés de transformació urbanística (y la consegüent
gentrificació) del centre de París endegat a la dècada
dels setanta, procés que ha servit de model per a altres ciutats
europees. El museu forma part duna intervenció massiva als
districtes I i III, als barris tradicionalment populars de Les Halles
i el Marais: després del trasllat del mercat central de París
a Rungis l'any 1969, senderroca, malgrat els intents repetits de
reconduir-ne la utilització, els pavellons Baltard de les Halles
(el Born de París) i shi edifica el Forum des Halles, macrocentre
comercial inaugurat l'any 1979, després d'una llarga polèmica
sobre el destí del "forat" (le trou des Halles). Simultàniament,
sedifica l"exclusiu" cartier de l'Horloge després
darrasar lilla Rambuteau, on abans hi havia tallers i cases
de pisos de pocalçada. Actualment els
districtes I i III són uns dels més selectes
i visitats de la capital francesa.
El Tate Modern Museum: el projecte de lequip darquitectes
suïssos Herzog & de Meuron va propiciar la transformació
dels Docklands deLondres, que han assolit el
preu del metre quadrat més elevat dEuropa.
El Guggenheim de Bilbao: el museu ha convertit
la ciutat basca en la nina dels ulls del turisme cultural a lEstat.
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