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Hartos de acoso inmobiliario
REPORTAJE, El Periódico
17-10-05
• Vecinos del Raval se reúnen para abordar algunas soluciones
al problema del 'mobbing' en los pisos
Coordinadora y afectados por acoso inmobiliario, en una reunión
en el barrio del Raval, el sábado.
MAR VALLECILLOS
BARCELONA
Los jóvenes de la Coordinadora Contra l'Especulació del
Raval habían llenado de carteles las calles colindantes a la Rambla
del Raval convocando a la cita para el sábado pasado, pero minutos
antes, con la merienda preparada sobre la mesa, no tenían ni idea
de cuántas personas acudirían. El cartel decía así:
¿Mobbing en el Raval? ¡No, gracias! Merienda de vecinos afectados:
Incremento abusivo del alquiler, presiones y coacciones, declaraciones
de ruina, abandono de la finca.
"Tal vez vendrán seis o siete, a la gente le cuesta movilizarse",
comentaba Pere, uno de los miembros de la coordinadora. Pero a las seis
de la tarde, la sala grande de la Casa de la Solidaritat se quedaba pequeña:
50 personas, de más de 10 escaleras diferentes, acudieron a contar
su caso concreto de acoso inmobiliario, escuchar el de los demás
y buscar soluciones. La mayoría era gente mayor, con los ojos y
las orejas bien abiertos y el miedo en el cuerpo por si pierden la casa.
"Cada día en Barcelona hay 10 desalojos, muchos de ellos en
el Raval --cuenta Pere-- La oficina de atención del mobbing no
sirve para nada, se inhibe cuando hay un proceso judicial, mientras se
produce una deportación del vecindario del barrio, que se está
revalorizando a diario", denuncia.
El primero en exponer su experiencia fue Manel González, cuyo caso
es uno de los más espectaculares de mobbing inmobiliario. La finca
en la que vive desde 1985, en la calle de Robadors número 29, fue
vendida cuatro veces entre el 2001 y 2003 sin que los vecinos lo supieran
hasta noviembre del 2002, cuando les llegó un comunicado del nuevo
propietario instándoles a abandonar sus casas. En las transacciones
hubo irregularidades como contemplar la finca libre de arrendatarios,
aunque en ella vivían una veintena de familias.
Orden de desalojo
Hoy sólo quedan cinco pisos habitados. Junto con la Coordinadora
contra l'Especulació consiguieron que el ayuntamiento proporcionara
viviendas de protección para seis inquilinos que se vieron en la
calle. Manel sigue el periplo judicial y burocrático para conseguir
comprar su vivienda y sobre él pende la orden de desalojo.
Una mujer de la calle de Sant Bartomeu cuenta como intentaron declarar
en ruina su finca. Es un método común y que ampara al propietario
para desalojar, derrocar y volver a edificar un edificio en el caso de
que las reformas a hacer en él, para que esté en condiciones,
superen el 51% del valor tasado del edificio.
"Qué sinvergüenzas. En 30 años no han hecho ni
un arreglo y ahora decían que era tanto lo que había que
arreglar, que había que tirarlo abajo. Luego vinieron los de Arquitectos
Sin Fronteras y dijeron que no se podía declarar la ruina",
explica. El ayuntamiento obligó al propietario a que hiciera las
obras sin tirar la casa, pero no se han hecho. "Ahora nos dicen que
nos tenemos que ir porque se acaba el contrato, y lo pueden hacer porque
no estamos indefinidos, pero llevamos toda la vida allí y no sé
dónde vamos a poder ir ahora con nuestros ingresos".
Con ratas y sin agua
Un vecino de la calle de Sant Rafael, con contrato indefinido, cuenta
que su familia lleva 200 años en la finca, pero que en un año
el propietario les ha subido el alquiler nueve veces en concepto de pequeñas
obras. "Después de denunciarle, hemos obtenido una sentencia
favorable que reconoce que eso no se podía hacer, pero ahora nos
toca pagar la mitad de las costas del juicio", cuenta. Otra familia
explica que llevan dos años depositando el alquiler cada mes en
el juzgado, porque el propietario no les quería cobrar, para poder
después echarlos por impago.
"En mi escalera hay ratas y mis críos juegan en el suelo.
A veces, voy a fregarla y nos han cortado el agua", cuenta una mujer
con la voz entrecortada. "Yo he venido hoy aquí a que me digáis
la solución, porque si sigo así, voy a acabar en un psiquiátrico".
Las personas de la coordinadora intentan hacerle comprender que todos
juntos tienen que encontrar el método y proponen movilizarse.
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